miércoles, 12 de octubre de 2016

Por las razones ya explicadas, este blog ha dejado de tener sentido y no se volverá a actualizar. Por el mismo motivo, he dejado de atender los emails que me llegan referidos a los temas relativos a este blog. Interesados en material de ajedrez, como colección de libros en ediciones papel (dispongo de nuevas existencias), biblioratos de recortes periodísticos, relojes, tableros, sets de piezas, antiguedades y souvenirs ajedrecísticos y, por supuesto, la Biblioteca Portátil NotiChess (que sigo y seguiré actualizando, y que ya va camino a los 8000 libros), deberán acudir si es de su interés a mi domicilio personal: Ejército Argentino 1043, de la ciudad de Las Heras, en la Provincia de Mendoza, Argentina.

domingo, 25 de septiembre de 2016

Respetar la palabra, respetar la realidad

No es que sea siempre consciente de ello, pero en mis momentos de lucidez –por cierto, cada vez más infrecuentes- trato de respetar lo que alguna vez me enseñaron y acepté como principio vital: “in omnibus respice finem”. En todas las cosas mira el fin. Por supuesto, se trata de la causa final, el fin, si se habla en términos escolásticos; el fin que son los fines intermedios, ordenados al fin último. El principio ha derivado en variadas formas expresivas: la norma “in omnibus rebus respice finem” ha sido entendida a veces como la necesidad de tener presente siempre el término del camino, lo que en la economía inglesa del lenguaje se ha vertido frecuentemente en la expresión “look back at the end”, que remite a otra más económica forma latina: “memento mori”. No está mal, pero no se trata sólo del término, es decir de nuestra propia muerte; aunque este enfoque ayuda a veces a cumplir el antiguo principio que me enseñaron en mi juventud, “in omnibus respice finem”, pues el camino se ve muy distinto cuando se está en el umbral de los 60 y el personal final temporal se mira (respice) mucho más cercano.
          “Hagas lo que hagas siempre ten en cuenta el fin”. Concedido: un enorme porcentaje de acciones en nuestra vida se nos han vuelto automáticas, y estructuran nuestras 24 horas diarias. La manera en que despertamos del sueño, nos levantamos, nos lavamos los dientes, desayunamos, tomamos el colectivo para ir al trabajo, el café de media mañana, la una y mil acciones que cumplimos mecánicamente en nuestro empleo, la vuelta a casa, y hasta el modo como ocupamos lo que llamamos nuestro tiempo libre. Es cierto: el porcentaje de acciones automatizadas es enorme en nuestra vida. ¿Cuál es tu porcentaje, lector que me lees?... Pero también debemos acordar que cantidad no es lo mismo que cualidad, y aunque probablemente sea mínimo, existe un reducido porcentaje de acciones en nuestra vida que afortunadamente no son automáticas (o no deberían serlo), que son cualitativamente distintas a otras, y que no deberían ser cumplidas de modo automático. Se trata de acciones que han nacido de opciones personales, elecciones vitales, que nos llevan a dedicar tiempo (frecuentemente valioso tiempo libre, y cada vez más valioso cuando más escaso ya) a acciones que necesitamos enfocar decidida y directamente a un fin. Escribir un libro, mantener una amistad, hacer periodismo, participar en una labor asociativa, por ejemplo, son acciones que por ninguna razón deben cumplirse de modo automático, y que constantemente debemos ordenarlas al fin correcto y debido, pues de lo contrario perderían todo su sentido.
          En ese tipo de acciones cualitativamente distintas está el escribir un blog sobre ajedrez argentino. Hace décadas que escribo sobre ajedrez argentino, desde mucho antes que existiesen los blogs. Y concretamente, como continuación de las notas de opinión sobre el ajedrez argentino que publicaba en mi desaparecido “NotiChess Diario”, comencé hace un año a escribirlas en este blog “ArgentinAjedrez”, nacido como “Blog de un argentino sobre ajedrez argentino”. El fin estaba claro y sigue estando claro. Pero ¿sigue teniendo sentido?...
          A lo largo de estos últimos años de escribir sobre la realidad del ajedrez argentino, en medio del cúmulo de cuestiones polémicas y opinables, he llegado personalmente a unas pocas conclusiones que me son claras. Pocas, pero fundamentales. Y la claridad (certeza) con la que se me aparecen se ve reforzada por el hecho de que no se trata sólo de conclusiones mías, sino también de otros, de muchos otros. ¿Y cuáles son ellas?...
          Quien se tome el trabajo de repasar las entradas más antiguas de este blog, podrá encontrarlas, con argumentos justificativos y detalles que las iluminan. Sólo menciono algunas: la absoluta carencia de institucionalidad en la organización del ajedrez argentino federado; la ausencia de carácter federal en este llamado ajedrez federado; la ilegitimidad de la actual conducción de FADA, surgida del golpe institucional del 2012; la indignidad de aquellos que deberían ser los abanderados del ajedrez argentino federado: la actual primera línea de grandes maestros y maestros internacionales argentinos; y la complicidad o ineptitud (o ambas juntas) de la dirigencia subordinada a FADA, en federaciones y clubes, metropolitanos y del interior, dirigencia absolutamente alejada de lo que sería su tarea fundamental: el Bien Común del ajedrez argentino.
          En estos últimos años, y particularmente en este último año, durante la vigencia de este blog, muchos son los que me manifestaron adhesión a esas mismas conclusiones. Unos pocos, muy pocos, se animaban a comentar públicamente en este mismo blog. En su gran mayoría me hicieron llegar sus comentarios por correo electrónico o por conversaciones personales: FADA ya no existe, la corrupción de su actual administración es notoria, Buenos Aires lo monopoliza todo, la actual generación de grandes maestros es de las más pobres que hemos conocido y su indignidad es manifiesta, y la hipocresía de los dirigentes metropolitanos y del interior hace imposible toda posibilidad de cambio.
          Lamentablemente he podido experimentar esa misma hipocresía en muchos de aquellos que manifestaban en privado esas mismas conclusiones, pero guardaban silencio de ellas en el ámbito público. Los ejemplos son muchos, y pueden encontrar abundantes casos en el Grupo de los Quarracino: lo llaman “foro de opinión”, pero no es tal. Conozco la opinión de sus administradores y de varios de sus principales protagonistas sobre temas como los que he enumerado líneas arriba. Pero las mantienen en privado, sin hacerlas públicas cuando afectan sus velados intereses. Por supuesto, no sólo ellos, sino otros también, que privadamente expresan lo que nunca se animan a expresar públicamente. Te manifiestan privadamente lo peor sobre los dirigentes de FADA o sobre los grandes maestros argentinos, pero nada de esto manifiestan públicamente. Las razones son obvias. Aunque como la hipocresía (como variante de la mentira) tiene patas cortas, no puede sostenerse para siempre, y frecuentemente se les escapa la liebre, como cuando se les escapó la liebre en el tema del affaire de las Semifinales y Final Argentina, donde terminaron diciendo que dejaban hacer lo que Petrucci quisiera, pues ellos se ocuparían de “hacer de mi club el mejor club de ajedrez”… con lo que nos revelaban que son de la misma calaña que Petrucci, y que harían lo mismo que él hace, llegado el caso. La realidad del hipócrita es lábil, su existencia apenas si dura. Cuando se lo descubre, deja de ser hipócrita, desaparece, se convierte en un mero mentiroso.
          La palabra no es respetada, y menos respetada es la realidad.

En lo que a mi respecta, es hora de reencauzar el rumbo. “In omnibus respice finem”. Al fin de cuentas: ¿qué sentido tiene escribir un blog sobre ajedrez argentino si el ajedrez argentino hoy no existe?... Si el ajedrez argentino existiera hoy el ajedrez argentino hablaría, pero está mudo. Hoy más que nunca el ajedrez argentino hablaría, pero el silencio impera. Por ejemplo: la actuación de los argentinos que viajaron a Bakú recientemente ha sido una de las peores actuaciones en toda la historia de las delegaciones de FADA a una Olimpíada FIDE. En otras décadas semejante fracaso causó la renuncia o el adelantado cambio de autoridades en FADA. Hoy es distinto. Como ni se respeta la realidad de lo ocurrido ni se respeta la palabra, Petrucci, Mareco, Flores o Pichot pueden hablar maravillas –como han hecho- de la performance en Bakú. ¿Quién ha dicho algo para desmentirlos? Por supuesto, no vayan a buscar tales desmentidas en los mencionados “foros de opinión”: jamás hablarían mal de los grandes maestros, aunque hayan caído en el peor de los fracasos y se hayan convertido –como se han convertido- en los peores mercenarios. El silencio es absoluto. En realidad, el ajedrez argentino hoy está mudo porque el ajedrez argentino hoy no existe.
          Si se respeta la realidad, si se respeta el valor de la palabra, hoy no tiene sentido un blog sobre ajedrez argentino.
          En lo que a mi respecta, tras décadas de dedicar tiempo a ello, me queda una enorme cantidad de libros y material digital. Mucho he podido vender en los últimos meses, y mucho me queda aún por desprenderme, que espacio necesito en casa para otras cosas y tareas. Seguramente pronto encontrarán este blog vacío y con un simple cartel de enlace a algún otro sitio donde encontrarán enlistado el mencionado material, a disposición de quién le interese. ¿Y el ajedrez?... Al fin de cuentas: ¿creen ustedes que vale la pena?...
          No me veo terminando mi vida preocupado por descubrir la verdad sobre los pros y los contras del peón dama aislado, o escribiendo el tratado completo sobre el Sistema Londres, o revelando la refutación completa de la Defensa India de Rey… ¿Vale la pena?...
          Hay cosas más importantes. Sólo vale la pena vivir por aquello por lo que vale la pena morir. “In omnibus respice finem”.

domingo, 31 de julio de 2016

Interludio

Cuentan que Pitágoras, habiendo sido interrogado acerca de su oficio, respondió que no sabía ningún arte, sino que era, simplemente, filósofo; y comparando la vida humana a las fiestas olímpicas, a las que unos concurrían por el negocio, otros para participar en los juegos, y los menos, en fin, por el puro placer de ver el espectáculo, venía a concluir que sólo éstos eran los filósofos.

          La parodia, la mediocridad, el fraude, las mentiras (los porteños usan el vocablo engrupir para llamarlas), las engrupidas del Grupo, las miserias personales de este espectáculo que es el ajedrez argentino, agobian y -en lo que a mi respecta- me hacen necesario un interludio. Cada quien sabrá si quiere seguir alimentando su vida de verdad o mentira, cada quien sabe en qué lugar está situado cuando valora lo que acontece en el ajedrez argentino: si desde su condición de ajedrecista o desde su condición de mercachifle del negocio, o simplemente -como lo intenta este pobre servidor de los lectores- desde el simple lugar de observador.
          Vaya, pues esta aclaración para quienes puedan preocuparse en días sucesivos de que este interludio se prolongue más de lo razonable.